El Colgado del árbol de la vida es el símbolo de la vida del espíritu en detrimento de la vida del cuerpo. Su sentido general es por tanto de renuncia, expiación, martirio, purificación.
Para Jung es el descenso del inconsciente, a las profundidades del alma, el conocerse así mismo, el primer sacrificio del <yo> al relegar a un segundo término los materialismos externos o mundanos; es el sufrimiento y exploración interiores en busca de lo trascendental.
Un hombre joven está colgado boca abajo, atado con un pie a un patíbulo que se sostiene sobre dos árboles truncados, cada uno de los cuales presenta las huellas de seis ramas podadas. Los dos árboles crecen al borde de un abismo en la tierra, un barranco de gran profundidad posiblemente.
La cabeza del joven está más baja que el nivel de la superficie de la tierra, como enterrada, al igual que las raíces de los dos árboles. La prominencia formada por la cabeza del joven, así como su cabello que cuelga, nos sugieren una tercera bola enterrada, quizá un nabo con las raíces pilosas características de esta hortaliza.
El colgado con las manos ligadas a la espalda, se siente tan indefenso como el nabo. Se halla totalmente en manos del Destino. No tiene poder ninguno para dar forma a su vida o controlar su destino. Como una hortaliza, no puede más que esperar que una fuerza externa a él le arranque de la atracción regresiva de
la Madre
Tierra.
Con el pie que le queda libre, seguramente habrá luchado todo lo posible por liberarse dando inútiles patadas contra su destino. Se habrá sentido profundamente engañado, impaciente, con ganas de ponerse en pie, y ser capaz una vez más de tener la cabeza sobre sus hombros así como de pisar firmemente el suelo como pretende. Ha de haber sufrido mucho antes de conseguir el grado de aceptación y de descanso casi agradable que muestra el arcano.
Podemos imaginar con qué fuerza y furor luchó este joven. Creemos que este trance es inaceptable y humillante. Se nos hace difícil ver su cabeza, sede del pensamiento racional, así rebajada, y nos gustaría liberar sus piernas ligadas de modo que fuera capaz de emprender nuevas empresas.
Todos tendemos casi instintivamente, a dar la vuelta a la carta del Colgado para enderezarla. Si le damos la carta a alguien que desconozca el Tarot, la volverá de modo que la cabeza de la figura esté <donde debe estar>. Después de hacerlo, seguramente sonreirá.
Visto desde la perspectiva del inconsciente, el que nos parecía como estancado, inmovilizado y cautivo, es ahora libre; el que parecía haber perdido su equilibrio, ha conseguido ahora su perfecta estabilidad. Lo que nuestra consciencia experimentó a primera vista como un tiempo de quietud y frustración, se nos revela ahora como un momento de acción liberadora. Incluso la expresión de la cara del Colgado parece haber cambiado. Ahora su mirada se encuentra con la nuestra serena y confidencialmente; con cierta autoridad parece sonreírnos como si fuera un secreto.
Para conseguir descubrir su secreto hemos de volver a mirarle como se nos presentó la primera vez: balanceándose sin ayuda ninguna en el espacio. Ser colgado boca abajo es tradicionalmente el castigo para los traidores.
El joven aquí representado se siente confuso en el más amplio sentido de la palabra. Está soportando cierto tipo de crucifixión. No hay ninguna evidencia de que el héroe de nuestro tarot haya solicitado haber sido puesto en la picota, pero hablando en términos psicológicos, seguramente lo hizo de forma inconsciente. Quizá el contacto con el orgulloso león de la carta anterior le llevó a enorgullecerse, con una confianza ilimitada en sus propias fuerzas humanas. A los dioses no les gusta el escándalo. Cualquier pretensión de que la naturaleza humana sea más fuerte que
la Madre
Naturaleza
o de que el intelecto del hombre sea la regla de funcionamiento para toda la vida, molesta a
la Gran
Madre
y finalmente también al reo humano. En venganza, la diosa puede agarrar a su hijo impunemente por los tobillos, sumergiendo su orgulloso cerebro otra vez dentro del vientre de su húmeda tierra.
El Colgado, enmarcado a ambos lados por estos árboles gemelos así como por la horca de arriba, puede significar que está enterrado en una especie de ataúd. Al mismo tiempo el contacto con las aguas subterráneas maternales nos sugiere bautismo y nueva vida. Quizá la naturaleza le mantiene confinado para que finalmente pueda resurgir de su vientre como un recién nacido.
Vemos a nuestro héroe aquí suspendido entre los dos polos gemelos de la existencia: nacimiento y muerte. Todos hemos sentido la soledad y el desamparo de sentirnos colgados sobre el abismo eterno. Ese terrible aislamiento, o prueba de paciencia, juega un papel muy importante en todos los ritos iniciáticos.
El Colgado, patas arriba en relación con la religión codificada, se haya colgado a precario sobre el abismo del sinsentido, suspendido por su propia y limitada comprensión humana, separado de toda humanidad. Después de haber soportado este juicio y esta soledad descubre que el <otro> es su compañero interior y resurgen como gemelos para retozar en la gloria del sol. (ver El Sol).
En nuestra cultura no tenemos ningún ritual específico para la iniciación, es difícil para los jóvenes efectuar esa transmisión. Algunas veces buscan tareas sobrehumanas para probarse así mismos.
Toda persona cuya conciencia individual se halle en oposicíón al punto de vista de la colectividad aparece como traidor al <establishment>. Este individuo debe sufrir varios juicios, el último de los cuales puede tener lugar en el Juzgado. Opuesto a sus familiares, amigos y a su gobierno, este inconformista puede ser tachado de delincuente. Su vida como ciudadano puede ser anulada para convertirse en alguien que está colgado.
Una iniciación de este tipo puede producirse en varios momentos de nuestra vida, generalmente cuando se alcanza una cierta fase de nuestra existencia y la vida exige una transición a nuevos caminos. Es un momento horrible, pues hemos de abandonar las costumbres probadas y experimentadas para confiarnos a modos de vida desconocidos y nunca vistos. Esto exige sacrificio y coraje. Todos hemos pasado momentos de nuestra vida, quizá no tan graves y dramáticos como los mencionados arriba, en los que nos hemos sentido <colgados> por las circunstancias; tiempos en que los antiguos modelos de comportamiento no nos servían, como si la vida nos quitara la alfombra debajo de los pies con la única posibilidad de esperar y rezar. En estas ocasiones nos sentimos traicionados por la vida, humillados y desposeídos de todo orgullo así como de nuestra “persona” (el disfraz o máscara que nos ponemos en público para proteger del mundo nuestra parte secreta).
Cada vez que, como el rey Lear, pretendemos mantener la cabeza por encima de la vulgaridad, evitando el <olor de la mortalidad> con todos los conflictos inherentes a la vida ordinaria, el Destino nos prueba dándonos en las narices con todo lo que habíamos despreciado. Cada vez que coronamos rey a nuestra función superior, nos sentimos forzados a descender a nivel de los gusanos. Nos tenemos que sumergir en el fango de nuestra humilde realidad.
En la carta de
la Fuerza
, el héroe se enfrentó con los aspectos de su naturaleza psicosomática simbolizados por el león, un mamífero colocado muy arriba en la escala evolutiva. Ahora debe de hacer frente a los aspectos más bajos de su psique, simbolizados por gusanos, insectos y plantas. Con los oídos cerca del suelo, oye crecer la hierba tierna y siente la suave ondulación del gusano y el impredecible canto de los insectos, su parentesco con toda vida. El que se ha acercado al precipicio como lo hiciera el Loco con la cabeza en nubes de sueños, se ha convertido en un fracasado. El foco de su conocimiento se ha desviado hacia las raíces de la vida, las formas fundamentales de las que surge todo crecimiento.
Es interesante contrastar la situación del Colgado con la del Enamorado, que también representa un juicio. El Enamorado estaba de pie, encajonado e inmovilizado por dos mujeres sólidamente plantadas, como dos árboles, a cada uno de sus lados. La resolución del problema, así como la fuerza para la acción, procedía del alado Eros que estaba situado encima de él, en el cielo. Por el contrario el Colgado, inmóvil entre esos dos símbolos maternales, sólo puede encontrar su inspiración en las profundidades.
Nosotros, como el Colgado, hemos sido desconectados de nuestras raíces. Tenemos la necesidad de descender para conectar de nuevo con nuestros orígenes en la historia y en la naturaleza. El motivo del sacrificio y el desmembramiento oculto detrás de los muñones rojos de los árboles nos sugiere que él también debe de dar su sangre, debe de sacrificar sus antiguos modos de actuar y comprender.
La palabra <sacrificio> significa hacer sagrado. Sacrificar nuestras imágenes egocéntricas es hacer nuestra vida sana y santa; entonces ya no queda diferencia entre nuestra imagen de cómo han de ser las cosas y de cómo son las realidades de nuestra existencia humana. El peso (y el poder) inherente al legado de nuestra crucifixión nos coloca aparte de nuestro reino animal.
Al igual que aquellos animales cautivos de
la Rueda
de
la Fortuna
, el Colgado es una víctima del Destino que está a merced de los dioses. Está tan desamparado como los animales, pero con una diferencia: tiene la oportunidad de aceptar su destino de manera consciente e indagar su significado, mientras que los animales, como mucho pueden soportar su suerte.
Cada vez que nos encontramos en la posición del Colgado nos es útil, no sólo explorar las actitudes conscientes con las cuales la vida está tratando de descolocarnos y preocuparnos, sino también gustar el sabor de esa nueva experiencia.
La experiencia de esta suspensión forzada le ha quitado al héroe toda su independencia; pero puede ofrecerle algo nuevo y precioso si es capaz de encontrar la pregunta adecuada.
El estar colgado sobre el limbo es una posición llena de ambigüedades: por un lado cuelga uno a precario sobre el abismo pero, visto desde otra perspectiva, se le ha impedido caer al fondo del barranco. Está uno extremamente inmovilizado, pero en el fondo de sí mismo siente un baile de liberación.
Todos conocemos por experiencia como, enfrentados con la realidad última, todo lo que tenemos, las posesiones de la vida, nos parecen sin sentido y estamos dispuestos a abandonarlas. No es de extrañar que en el fondo de sí mismo, el Colgado sonría y baile, lleno de nueva alegría.
Este desenlace feliz vendrá, si así debe ser. Aún se halla oculto en el futuro y no será visible hasta que llegue el bailarín del arcano veintiuno. Al dar la vuelta, enderezando al Colgado, hemos tenido el privilegio de echar un vistazo mágico a un aspecto de la eternidad, donde el tiempo es uno. El joven sin embargo, no es consciente del bailarín que yace enterrado en su profundidad. Por ahora permanece inmóvil, colgado del árbol del destino y sin ayuda posible. Parece ser que este joven debe colgar del árbol del sacrificio hasta que madure y hasta que el viejo Adán empiece a pudrirse y caiga.
En el centro de esta experiencia (llámese iniciación o crucifixión) está la terrible necesidad de sentirse traicionado y afrontar la espantosa soledad de estar totalmente olvidado. Refiriéndose a este estado psicológico Jung escribe: <El paciente debe estar solo si ha de encontrar qué es lo que le soporta cuando él no se soporta ya. Solo esta experiencia puede proveerle de unos fundamentos indestructibles>.
Lo que soporta al Colgado es la sólida madera del árbol de
la Naturaleza
, que le pone en contacto que le pone en contacto con la robustez de su propia naturaleza interior. El hecho de que esta experiencia nos dé como resultado una cimentación indestructible viene indicado por la forma en que sus piernas forman el número cuatro (visto de pie), mostrándonos que la orientación, la totalidad y la solidez toman forma en el inconsciente. La experiencia interior que está sufriendo no es un sueño nebuloso: tiene las cuatro dimensiones de la realidad. El pie sobre el que ahora se sostiene señala ahora hacia el cielo. Está adquiriendo una nueva comprensión. La comprensión que simboliza el Emperador y su número cuatro es de un tipo muy diferente. Las cuatro puntas de la figura se orientaban hacia realidades externas del plano humano: civilización estabilidad, ley y orden. En el Colgado, este orden cuadrangular ha sido invertido pero no destruido y yace simplemente abierto a la luz del cielo, expuesto de una nueva manera a la intervención de los dioses.
El Colgado marca el tiempo limite de la realidad humana con sus doce horas alternativas del día y la noche y la cuenta anual de sus doce meses. Los doce signos zodiacales, que simbolizan la dimensión sobrehumana del tiempo, así como la intervención del destino sin control por parte del hombre. El héroe se siente atravesado por la influencia de las estrellas y se siente así mismo en esta dimensión expandida del doce.
Empieza a descubrir que el viaje hacia la autorrealización no procede del orden A-B-C, sino que su ritmo es azaroso. Al igual que el movimiento que
la Rueda
de
La Fortuna
, su fortuna espiritual sufrirá muchas revoluciones. Habrá periodos de depresión, cuando la introspección previamente ganada y que él creía segura desaparece de nuevo hacia el inconsciente, aparentemente perdido para siempre jamás. Otras veces cuando se sienta en la cima de su fortuna el sol brillará de nuevo y saldrá como si renaciese a un mundo de nuevos colores y dimensiones nunca soñadas. Utilizando otra imagen, es como si el modelo del crecimiento espiritual fuera como el que desarrolla un árbol: antes de que puedan florecer nuevas ramas en la superficie, las raíces deben profundizar en la tierra para ampliar su campo y soportar así el nuevo crecimiento.
El Colgado inicia un largo periodo de asimilación forzada y de consolidación en las raíces. Pasará un tiempo antes de que las ramas podadas dibujadas aquí nos muestren nuevos brotes o antes de que el joven salga de nuevo al mundo. Por el momento, y durante algún tiempo, las energías y las visiones mostradas en las cartas anteriores están absorbidas hacia el inconsciente para su profundización y su expansión.
El destino puede traernos este tipo de crucifixión varias veces durante nuestra vida y de varias maneras distintas entristeciendo su realidad presente y destrozando sus esperanzas de futuro (traición, enfermedad, ruina económica, etc). Puede ser que una enfermedad espiritual le deje inerme.
Sin tener en cuenta de qué manera se plasma en nuestra realidad la situación del Colgado, este enfrentamiento requiere siempre sacrificio y una renuncia consciente a la consciencia del ego como fuerza conductora así como la aceptación de nuestro destino y nuestra sumisión a él.
Solamente consintiendo de alma y corazón en esta experiencia puede el Ahorcado esperar una ayuda celestial y conectar de nuevo con los dioses y con su ser transpersonal. A través de su aceptación de la crucifixión, el hombre coopera con su destino y, en este sentido, lo escoge. Al escoger su destino se libera de él, pues en ese momento lo trasciende.
Si el Colgado puede aceptar su destino y <enmendar su espíritu> a un poder superior a la consciencia del ego, puede entonces <entregar el espíritu> de su personalidad anterior entrando en una nueva vida con un nuevo espíritu. Si puede tolerar y comprender su crucifixión, emergerá de este oscuro encuentro por el otro lado del precipicio, hacia otro nuevo mundo. Habiendo llegado al otro lado, continuará su viaje de nuevo, pero esta vez de manera más consciente y dedicada.
Hasta ahora el trabajo más importante del héroe fue vivir plenamente su vida exterior. Ahora (como representa en esta carta) hay una gran fractura entre lo viejo y lo nuevo.
Nunca más podrá regresar a su vida egocéntrica. Desde ahora empezará a mirar cada vez más profundamente a la cara impersonal de
la Muerte
, la próxima carta.
- Expiación, martirio.
- Transición.
- Sacrificio, penas, pruebas de tipo personal, físico y monetario.
- Situación estacionaria o parada.
- Suspenso en estudios u oposiciones.
- Ataduras que no se rompen.
- Negocio que no funciona.
- Estancamiento económico.
- Inmovilización por enfermedad, accidente o paro.